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El Culto del Forastero

El Culto del Forastero adora a un dios doble, el Hijo de los Eones, que ha venido al mundo para salvarlos. Durante la mitad del año es Bromios, el atronador, un dios de ritos orgiásticos en las colinas y los bosques en los que el vino y el trance juegan un papel fundamental. Al final del ciclo ritual, su paredra, la Señora del Laberinto, muere y es desmembrada, y él se convierte en Kissos, el de la Hiedra, un dios sombrío cuyos rituales incluyen flagelación y lamentaciones en cuevas y túneles, mientras busca a la Vagabunda en las Encrucijadas. El objetivo del culto es trascender las normas sociales y la propia Heimármene, concebida como una cárcel mental, mediante las experiencias extremas y los estados alterados de conciencia.

Relaciones con otros cultos:

Sus rituales están especialmente perseguidos porque los consideran inmorales y subversivos. No hay simpatía entre los ortodoxos, pese a algunos tímidos acercamientos de ciertos cultistas del Corazón Ardiente. Pero ni siquiera entre los heterodoxos tienen muchos amigos: consideran al Culto del Espíritu Negro como una aberración basada en el egoísmo, a la Iglesia de la Redención como casi Apotropaica, y la Sociedad del Templo de Luz es uno de sus mayores rivales, pues el Culto quiere liberar y unificar las almas, no usarlas como meros ladrillos. Algunas sectas del culto tienen buenas relaciones con la Hermandad de las Profundidades, a la que sin embargo consideran demasiado extrema.

La Sociedad del Templo de la Luz

Según los maestros de la Sociedad, existen determinados elegidos que guardan en su interior una pequeña chispa de la Luz de los Eones. Si se lograra hacer ascender a estos individuos, afirman, esas brasas se unirían para formar en el Abismo un Templo de Luz a través del que todos los iniciados podrían alcanzar la trascendencia.

Con este fin, la sociedad identifica y caza a aquellos que considera tocados por la Luz, y los ilumina, muchas veces a la fuerza, mediante el uso de técnicas psicológicas, taumaturgia y simple tortura.

Una vez “iluminados”, la Sociedad los sacrifica para añadir su alma al Templo.

Relaciones con otros cultos:

Aparte de los ortodoxos a los que tachan de enemigos de los Eones y con los que nunca podrán ni sentarse a dialogar, el principal enemigo de la Sociedad es el Culto del Forastero; no es desconocido que lleguen a las manos, e incluso que se delaten unos a otros a la Orden de la Espada Ardiente o la Iglesia de Hierro.

Se sabe que algunos miembros de la Sociedad han colaborado con seguidores del Espíritu Negro de manera interesada, proporcionándoles elegidos a los que torturar con la esperanza de que el trauma los haga ascender al Templo de Luz.

La Iglesia de la Redención

Para la Iglesia de la Redención, la Kenoma no es otra cosa que el infierno. Existen otros mundos, cuyos mayores pecadores se reencarnan en este universo terrorífico para sufrir y redimirse, quedando condenados a pasar la eternidad bajo los vientos del Mar de Suf y reencarnarse una y otra vez.

Solo aquellos que logren purificarse mediante la meditación y la penitencia, alcanzando la comprensión de los pecados que mancillan sus almas, podrán liberarse y escapar del ciclo de reencarnaciones.

La Iglesia adora a Rashnu, el Ángel del Juicio, de quien se dice que juzga las almas en el momento de morir y las condena a las prisiones del Mar de Suf como paso previo a la reencarnación, o bien, si se han purificado, les permite liberarse para alcanzar la trascendencia y unirse a los Eones.

Relaciones con otros cultos:

Extrañamente para un culto heterodoxo, la Iglesia tiene ciertos contactos informales con los Siervos de la Hueste, e incluso con algunas ramas de la Iglesia de Hierro.

Entre otros Eleutéricos y Extincionistas tiene pocos amigos, ya que muchos consideran a la Iglesia a un paso de la ortodoxia, pero, sin embargo, es uno de los cultos Eleutéricos con más seguidores, quizá precisamente por su proximidad en ritual y práctica con la Iglesia de Hierro.

El Culto del Espíritu Negro

Los seguidores del Espíritu Negro no forman una verdadera sociedad, sino una serie de individuos casi aislados, que viven en la clandestinidad y solo tienen contacto con sus propios maestros y, muy ocasionalmente, con otros discípulos del mismo. El Culto se fundamenta en la Doctrina de la Gran Obra, por la cual sostienen que deben rebajarse hasta lo más abyecto, cometer las más inmundas atrocidades y pervertirse del modo más profundo para alcanzar la “fase negra” del desarrollo alquímico del espíritu, justo antes de la fase roja en la que se purifican de los aspectos materiales. Son por tanto seguidores de la Vía Dolorosa. Nadie sabe qué ocurre con los miembros del Culto que alcanzan la fase roja, pero, entretanto, los demás continúan hundiéndose progresivamente en la miseria de la fase negra. El culto adora a un ángel de los Eones, el llamado Triple Heraldo, al que siempre muestran con tres cuerpos, dos velados y uno, negro y grotesco, claramente visible.

Relaciones con otros cultos:

Si hay un culto universalmente despreciado, es el del Espíritu Negro. Sus prácticas criminales y obscenas son perseguidas por todas las demás sectas, sean ortodoxas y heterodoxas, y es esto lo que les ha llevado a constituirse en una estructura de células independientes y vivir en la clandestinidad. Con todo, hay rumores de que ciertos maestros del Culto del Espíritu Negro han sido capaces de reclutar entre sus mayores enemigos, la Orden del Corazón Atravesado y el Culto del Forastero, e incluso en la Iglesia de la Ascensión, prometiéndoles pasiones extremas y una forma garantizada de conseguir la ascensión o la liberación.

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