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Al otro lado del Velo

De los informes secretos de la Orden de la Espada Ardiente.

Mi señor: en el tiempo transcurrido desde mi último informe he logrado introducirme en los círculos de la Iglesia de la Ascensión, aunque desgraciadamente aún hay mucho que nunca se menciona en mi presencia. Los maestros de la Iglesia tienen sus secretos, y todos saben el grado de cada uno, de qué se puede hablar y de qué no en su presencia, y callan o cambian de tema cuando se acerca un neófito como yo. Espero poder pasar la primera iniciación antes de mi próximo informe, de manera que pueda remitir a mi señor noticias más detalladas.

Si preguntáramos a cualquier habitante de la koina acerca de la Iglesia, lo más probable es que no supieran dar razón de ella, más allá de un gesto vago hacia la catedral que han construido en las afueras, lejos de ojos curiosos. Los miembros de la Iglesia, incluso los oficiales, no se pasean vestidos con hábitos sacros ni se rapan la cabeza como hacen otros, y aunque no todos mantienen en secreto su pertenencia, ninguno de ellos la anuncian.

Solo los que, como yo, hemos sido admitidos más allá de los Guardianes de las Llaves, al otro lado de las Puertas de Hierro y las cortinas de terciopelo, y que nos hemos arrodillado en los suelos de mármol ajedrezado, conocemos el aspecto de las túnicas ceremoniales de la Iglesia, bordadas en oro y pedrería de acuerdo al rango de cada uno, con sus mantos negros, azules, carmesíes y púrpura, sus mandiles y sus estolas simbólicas, sus cetros de oficio y sus rostros enmascarados bajo las mitras y las capuchas. He podido ver algunos de esos rostros sin la máscara, durante los banquetes y reuniones que se celebran al margen de la liturgia, y estoy seguro de que muchos se sorprenderían al ver a oficiales de la koina, mercaderes prominentes y otros próceres de la ciudad en compañía de criminales, tenderos y don nadies. Creo reconocer algunos rostros de los púlpitos de la Iglesia de Hierro, pero no puedo asegurarlo.

¿Qué lleva a gentes tan distintas a reunirse en el mismo lugar, lejos de los templos sagrados de la Iglesia de Hierro? Siendo un mero neófito, no me ha sido revelada su teología con todo detalle, pero he podido unir los rumores a las alusiones y descifrar los símbolos, y creo tener una idea de sus creencias. La Iglesia de la Ascensión es totalmente ortodoxa: creen en el Demiurgo y los Arcontes y los veneran, respetan la Heimármene y rechazan la creencia heréticas en los Eones y la Pleroma. Pero su interpretación de los artículos de la fe es compleja. Aseguran que la Heimármene contempla la posibilidad de que un mero ser humano ascienda a ocupar un lugar entre los Arcontes, y que la jerarquía divina no es rígida, sino variable. Afirman conocer los secretos y los ritos que permiten abandonar la cáscara mortal y alcanzar el poder de los mismísimos dioses, de manera que, al morir, el alma no viaja hacia las Prisiones de Hierro, sino que es llevada en triunfo hacia las moradas de los Arcontes en las profundidades abisales, donde se le instala en un trono de gloria para la eternidad.

Pero solo aquellos que hayan alcanzado la máxima iniciación en la Iglesia están preparados para ascender, y si uno muere antes de lograrlo, los tormentos de las Prisiones borran por completo el recuerdo de los secretos aprendidos, de modo que debe comenzar de nuevo en su próxima vida. Se dice que, si alguien progresa rápidamente en la Iglesia, es porque ya fue iniciado en una vida anterior, y la práctica le devuelve parte de esos recuerdos. No se me ha revelado cuántos niveles hay, ni si es realmente posible recibir todas las iniciaciones en el curso de una vida humana sin prolongarla artificialmente. Quizá nadie lo sepa excepto los maestros secretos de la Iglesia.

Desconozco si las enseñanzas de las sucesivas iniciaciones son morales, o meramente rituales. Es posible que pretendan ascender como en un gigantesco ritual taumatúrgico que dure toda una vida, pero es igual de probable que esperen ser rescatados por los Arcontes tras haber llevado una vida virtuosa. Sé qué, como neófito, se me anima a acudir a las plegarias y los ritos de la Iglesia de Hierro, a mantenerme informado de los asuntos políticos y sociales de la koina, a aprender cuanto me sea posible sobre las artes y las ciencias, y a tener ambición y prosperar en la comunidad. Pero si ello es por intereses materiales de la logia, o parte de un régimen moral, lo ignoro por ahora.

Dioses Extraños Bautismo

Aquí en Biarmad la Iglesia dispone de una catedral construida especialmente, pero sé que en otros lugares se reúne en almacenes abandonados, casas particulares, criptas y otros lugares donde pueda disponer de privacidad. Aunque impresionante, con sus torres y bóvedas, la parte menos importante del templo es la que se eleva sobre la tierra, donde se encuentran oficinas, salones de reuniones y banquetes y otras estancias mundanas. Los ritos tienen lugar siempre en una cripta subterránea, protegida por puertas consagradas, llamadas las Puertas de Hierro. En Biarmad lo son realmente; en otros lugares son simples hojas de madera con clavos de hierro dispuestos ritualmente en el centro. Al otro lado de las Puertas hay un estrecho espacio para purificaciones y abluciones, con agua que se obtiene de un pozo profundo excavado en la roca, y más allá una pesada cortina vela un arco que conduce a la primera cámara del templo.

Como neófito, no se me ha permitido ir más allá de esta primera cámara, pero sé que existen otras, más pequeñas, reservadas a los iniciados de los distintos niveles, y conectadas con ella a través de nuevas puertas y velos. Si hay tantas como niveles, cada templo de la Iglesia es un laberinto subterráneo, un hormiguero en cuyas entrañas podría ocultarse cualquier horror.

La cámara tiene un suelo de mármol ajedrezado que, según me dicen, tiene un significado simbólico que se me explicará tras la iniciación. Al fondo hay un altar de varios pisos cubierto por un velo; aún no se me permite ver las imágenes de los Arcontes. Alrededor del altar, sobre el estrado, hay cátedras y atriles para los sacerdotes, y en las paredes se alinean candelabros de pie cargados de velas de cera virgen y braseros para quemar perfumes. No hay bancos ni reclinatorios, ni espacio para sacrificios. Si se producen muertes rituales en el templo, no es en las cámaras a las que tenemos acceso los Oyentes.

Pero a veces llegan corrientes de aire que agitan la cortina que cubre el altar, tras la que estoy seguro que hay al menos una puerta. Con ellas llegan hedores nauseabundos, que el incienso no puede ahogar y contrastan con el lujo y la pompa del ritual público, y a veces, gemidos inhumanos y voces balbuceantes, que podrían confundirse con las de los Vientos de Suf de no ser por su patetismo. Qué hay al otro lado no lo sé aún, pero mi señor puede estar seguro de que pienso averiguarlo.

Dejando de lado los aspectos rituales, mi señor querrá saber más sobre las actividades de esta secta, y sus debilidades. Sé que los miembros de la logia deben ayudarse mutuamente en el mundo secular, pero también que esto no siempre se respeta en la práctica. Al haber gentes tan distintas bajo el mismo techo, las rivalidades son comunes, y los poderosos desprecian a sus hermanos de origen humilde, a los que apenas toleran en los ritos. A menudo se niegan a ayudarles cuando les piden su patronazgo, bien con excusas o con insultos. Los magnates de la logia, por supuesto, tienen contactos con la koina y la Iglesia de Hierro, y gran influencia mundana, aunque corren rumores de que una facción de la Iglesia de Hierro se opone ferozmente a la de la Ascensión y está planeando un golpe.

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  • […] principal culto Apoteósico es la Iglesia de la Ascensión, mientras que otros como el Culto del Corazón Ardiente o los Maestros del Yunque están menos […]

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