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Casas de Bronce y Piedra

Informe del Maestro de Armas Akron Bekoe para la Logia de Barzakh.

Ruego al Venerable Maestro y a la Logia que tomen en consideración el siguiente informe antes de tomar ninguna decisión sobre nuestra alianza con los Maestros del Yunque. Antes incluso que las ventajas políticas y estratégicas que puedan garantizarnos, debemos tener en cuenta la seguridad de la Iglesia y de nuestras enseñanzas, y la santidad de los secretos que guardamos.

Por su parte, los Maestros del Yunque son tan reservados como nosotros, y quizá aún más, puesto que la pertenencia a su orden se transmite por la sangre o la adopción. A pesar de todo, no suelen congregarse en gran número, más que para ciertas ceremonias importantes. Por lo común un pequeño grupo, quizá una familia o un maestro y sus aprendices, se instala en una ciudad o pueblo, a veces sin anunciar siquiera su presencia, y no se molestan en reclutar nuevos miembros. En muchos casos ni el koinon, ni las otras iglesias, ni la población en general saben que los Maestros del Yunque se han establecido entre ellos. Es muy fácil confundir los lugares donde se instalan, apartados, con agua corriente, y siempre envueltos en humo y el sonido de martillos y mecanismos, con el taller de un herrero o un artesano común. Pero aquellos que saben buscar son capaces de distinguir ciertos signos, runas que inscriben en sus talleres y en la propia ciudad para que otros Maestros puedan encontrarlos: el yunque, el rombo, o el hierro de molino, que unidos forman su sello, cuyo significado no he podido desentrañar, y también el ojo, el martillo y las tenazas, la mano abierta, el triángulo, el relámpago, o la rueda dentada.

A menudo los Maestros del Yunque, cuando entran en las ciudades y los pueblos o acuden al mercado, llevan estos símbolos en su persona. Todos llevan un brazalete, de cobre o de latón, con su símbolo, por el que se los puede reconocer si se sabe qué buscar; pero a veces lo ocultan en sus ropas, que suelen ser negras, amarillas y rojas. En sus ritos y ceremonias, al menos los que he podido ver como mero Oyente, no utilizan vestimentas particulares, más que los mandiles, máscaras y guantes necesarios para el taller; pero sí les he visto usar largas varas de hierro cubiertas de complejas tallas geométricas, que son el símbolo de sus sacerdotes. Sus templos son los mismos talleres en los que trabajan, poblados por el yunque y el alto horno, el torno de cerámica, la mesa de dibujo y el banco de artesano, y presididos por una imagen de uno de los Arcontes patrones de la artesanía y la metalurgia, que colocan junto al horno o la forja. El taller que yo visité tenía dos partes, una accesible al público y la otra cerrada con pesadas puertas mecánicas; lo que ocurre al otro lado, donde solo pueden acceder los iniciados, me es desconocido.

Para los Maestros del Yunque, el universo es una máquina perfecta, un complejo mecanismo de relojería que funciona gracias a un equilibrio inefable. Pero ellos no se conforman con observar ese equilibrio y dejarse llevar por el mecanismo; quieren ser los ingenieros. Persiguen la Ascensión con tanto ahínco como nosotros, pero siguen un camino distinto, más tortuoso. Sostienen que el trabajo del taller y la forja es simbólico, una obra mística por la cual, al transformar el universo, se transforman a sí mismos. Al crear máquinas que les dan poder sobre el mundo físico, adquieren grandes poderes espirituales que les acercan, paso a paso, hacia la Ascensión definitiva. Curiosamente, no creen que este sea trabajo de una sola vida. Cuando uno de ellos muere, esperan que su alma se reencarne en uno de sus descendientes para continuar el trabajo de la Gran Obra hasta que su alma quede purificada y pueda unirse a los Arcontes.

Estos trabajos no son puramente simbólicos, ni se trata de la obra secular del artesano. La disciplina y la práctica de los Maestros del Yunque se basa en la práctica de la Taumaturgia, cuyo poder canalizan a través de los mecanismos que construyen. En sus talleres se produce la arcanotecnología que permite atravesar el Mar de Suf a la Hermandad de las Tormentas y da vida a golems y autómatas, y solo ellos poseen los secretos de la manipulación industrial del alma, que arrancan del cuerpo de una víctima para usarla como combustible o fuente de energía.

Debemos recordar que, si nos aliamos con ellos, tendremos también que asumir sus enemigos y sus aliados. La Iglesia de Hierro persigue a los Maestros allá donde los encuentra, pues, según dicen, pretender manipular la creación sagrada de los Arcontes es la mayor de las herejías, incluso si se admite la posibilidad de la Ascensión. Los Siervos de la Hueste, por el contrario, no tienen objeción a sus teorías, como tampoco, en principio, nosotros los seguidores de la Iglesia de la Ascensión. De hecho los Siervos están muy de acuerdo con la visión de los Maestros de la Kenoma como un mecanismo de relojería perfectamente afinado. Entre los heterodoxos, quizá los mayores enemigos de los Maestros son el Culto del Forastero y la Hermandad de las Profundidades, por la absoluta incompatibilidad de sus creencias. Ambos cultos atacan a los Maestros allá donde los encuentran, y éstos responden con la misma moneda siempre que pueden.

Sabemos que los Maestros alquilan sus servicios por dinero, a veces incluso a sus enemigos de la Iglesia de Hierro. La Orden del Corazón Atravesado acostumbra a comprarles instrumentos de tortura extremadamente complejos, cosa que también hacen algunas koina, la Hermandad de la Espada Ardiente, y el Instituto de Corrección Espiritual. La Hermandad de las Tormentas los contrata a veces para mantener y reparar sus Arcas, y desde luego, la mayor parte de los miembros de la Forja Espectral pertenece también a los Maestros.

El Viaje del Artesano

Del Manual del Aprendiz de Durrah Yelwa, Maestra del Yunque en Barzakh.

Tú, aprendiz que te presentas para ser instruido ante el Colegio formado por todos los Maestros del Yunque de nuestro Tivil , has de saber que llevas en tu sangre y en tu espíritu las enseñanzas que buscas. Has nacido entre nosotros, hijo de los Maestros del Yunque, heredero de un alma reencarnada que busca la ascensión a través de interminables ciclos de la Rueda de las Reencarnaciones. Incluso si no llevas nuestra sangre, sino que has sido adoptado como hijo por uno de los Maestros, ten por seguro que esto no hubiera ocurrido de no llevar en tu interior el alma de uno de los nuestros.

Ahora que abandonas la infancia se abren ante ti siete años de aprendizaje. Formarás parte de una cohorte, compuesta por los nacidos en un intervalo de cinco años que sean del mismo sexo. Formarás parte de esta cohorte durante toda tu vida, sin importar los años ni las experiencias. Ellos son tus hermanos o tus hermanas, que te acompañarán en esta vida y las siguientes. La nueva cohorte será iniciada por la más antigua del Colegio; un grupo de varones por la cohorte de hombres más ancianos, y lo mismo un grupo de mujeres. Ellos revelarán a los neófitos el nombre público y el nombre secreto de la cohorte, y el Arconte que lo protegerá durante toda su existencia, y entregarán a cada miembro, un brazalete con nuestro sello, de cobre rojo si la cohorte iniciadora usa latón dorado, y viceversa, además de una estatua del Arconte patrón. Durante el resto de tu aprendizaje, hasta que seas un maestro, deberás sumisión y obediencia a los miembros del grupo de edad que te ha iniciado, pues ellos son tus verdaderos padres y tíos.

Durante los próximos siete años, los miembros de la cohorte servirán como aprendices a sus iniciadores. Éstos les transmitirán los secretos del Arte Menor, los principios de la geometría, las matemáticas y la música, el trabajo del taller y de la forja, y los rudimentos de la mecánica y la relojería. A cambio los iniciados trabajarán a sus órdenes en el taller y les servirán fielmente en la vida cotidiana. Al término de los siete años, en una nueva iniciación, recibirán el título de Oficiales, y se les permitirá dispersarse en busca de nuevos maestros en distintos lugares, cada uno según sus intereses, y llevando consigo una estatua de su Arconte patrón forjada con piezas de la que se entregara en su momento a la cohorte. .

No desesperes, neófito, pues ni aún así la cohorte se separará. Cada año se reunirán al menos una vez para honrar a su Arconte patrón y a la cohorte de sus iniciadores, y para compartir entre ellos los conocimientos adquiridos en sus viajes, en los que servirán a distintos Maestros a cambio de un salario y de instrucción en las Artes Mayores: la física, la numerología, la geometría sagrada y los sólidos perfectos, la teoría de las correspondencias y los ideales, y los secretos del vapor, la hidráulica, las máquinas complejas y los autómatas.

Finalmente, la cohorte se reunirá de nuevo para producir su obra maestra y entregarla a sus iniciadores como demostración de su habilidad y los conocimientos adquiridos. Aquellos cuya obra no sea considerada adecuada deberán pasar otros siete años como Oficiales, aunque no abandonarán su cohorte; los que pasen la prueba serán iniciados como Maestros del Yunque, y recibirán la instrucción definitiva en las Artes Secretas: la metafísica, la teoría de la armonía cósmica y la música de las esferas, la cábala, la alquimia, la taumaturgia, el arte de los sellos teúrgicos, la arcanotecnología, y la manipulación de las almas. No temas, pues son pocos los que suspenden esta prueba tras catorce años de instrucción, y como es una deshonra para todo el grupo, los compañeros ayudarán a los más lentos.

Una vez iniciado como Maestro, se te permitirá instalarte por tu cuenta y formar una familia, pero nunca abandonarás del todo a tu cohorte, y cada año estarás obligado a reunirte con ella para la fiesta del Arconte. Y cuando mueran los miembros del grupo de edad más viejo y el tuyo sea el más antiguo, te corresponderá iniciar a los neófitos como tú fuiste iniciado, y se te entregará el bastón de hierro de los Maestros ancianos.
Más allá de las etapas de la vida, no hay jerarquía en el Colegio de los Maestros, excepto la obediencia y reverencia debidas por cada cohorte a la cohorte que la inició. Cuando algún asunto requiere la atención de todo el Colegio puede convocarse al Consejo de Maestros, formado por aquellas cohortes que hayan alcanzado esta distinción, y presidido de manera rotatoria por los miembros de la cohorte más antigua. Pero las reuniones del Consejo son raras, y solo tienen lugar ante asuntos de la mayor importancia, o en determinadas fiestas religiosas. Cada uno de nosotros es un Viajero hacia la Apoteosis que lleva de la carne mortal a la divinidad, y el Viaje es solitario, incluso en compañía de los hermanos y con la guía de los padres.

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