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Los Arcontes son fuerzas cósmicas cuya influencia en la Kenoma se siente, pero no se ve. La Heimármene es la ley de la naturaleza, que lo permea todo y da forma a la vida cotidiana de los habitantes de los Tiviles; e incluso los Etemmu son, para la mayor parte de la gente, historias y leyendas, algo que, aunque muy real, es improbable que se encuentren cara a cara más de una o dos veces en la vida. Lo que verdaderamente ocupa un lugar en las preocupaciones diarias de los habitantes de la Kenoma, lo que regula sus vidas y su concepción del mundo, el cosmos y el alma, son los cultos gnósticos.

Los cultos están presentes en todas las facetas de la vida, incluso en las más insospechadas. El koinon puede ser un gobierno civil, pero sus miembros pertenecen a un culto u otro, y probablemente apoyen a uno de ellos como religión oficial de su territorio. Lo mismo puede decirse de los distintos capítulos locales de las fratrías. La mayor parte de los habitantes de una ciudad pueden ser meros Oyentes no iniciados, pero acuden fervorosamente a las ceremonias públicas del culto oficial de la koina, y piden la bendición de sus sacerdotes, o les escuchan cuando claman contra los herejes y los paganos. Incluso los que acuden a cultos ortodoxos pero marginales, o las almas perdidas que se inclinan ante los ídolos de los Eones o los predicadores Extincionistas lo hacen llevados por el fervor religioso y la búsqueda de la paz espiritual en esta vida y en la próxima.

Los estudiosos dividen a los cultos en dos grandes grupos de acuerdo a sus creencias: ortodoxos y heterodoxos. A su vez, ambos grupos se subdividen en dos categorías cada uno, dependiendo de las posturas teológicas de cada culto. Entre los ortodoxos están los Apotropaicos y los Apoteósicos, y dentro de los heterodoxos, los Eleutéricos y los Extincionistas. Del punto de la escala en que se sitúe un determinado culto dependerá la actitud hacia él de los demás, y de las koina y fratrías, que puede ir desde una fría tolerancia hasta la persecución más cruel.

Cultos Apotropaicos

Dentro de los ortodoxos, los cultos más extendidos son los Apotropaicos. Estas religiones afirman que es imposible escapar al poder de los Arcontes, y solo cabe esperar su misericordia y calmar su cólera mediante adoración y sacrificios.

De este modo, cuando el alma pasa por las Prisiones de Hierro entre encarnaciones, los tormentos a los que será sometida serán menos crueles; tal es toda la salvación que pueden ofrecer, y muchos seguidores de otros cultos cuestionan incluso esto.

Entre los cultos Apotropaicos más importantes están la Iglesia de Hierro, la de los Siervos de la Hueste, y la Orden del Corazón Atravesado.

Cultos Ortodoxos

Los cultos ortodoxos son mayoría en la Kenoma, y raro es el koinon que osa adoptar como religión oficial a uno que no lo sea. Son los garantes de la estabilidad, a cuyos altares acuden cada día masas de Oyentes y peregrinos para postrarse ante los Arcontes y pedir la misericordia de esos dioses extraños e inefables. Aunque cada culto es distinto, todos tienen ciertos puntos en común que permiten una cierta tolerancia entre ellos.

Todos los cultos ortodoxos aceptan que el Demiurgo es el dios supremo y el creador de la Kenoma, y por tanto, de todo el universo. Que no existen ni la Pleroma ni los Eones, y que el gobierno implacable de los Arcontes es eterno, justo y necesario y no puede romperse. La Heimármene es una ley cósmica inapelable, y pretender cambiar una sola coma es la mayor de las herejías.

Cultos Apoteósicos

Los cultos Apoteósicos afirman que existe una salida a la prisión que es la Kenoma, una esperanza mejor que la simple clemencia: el alma puede unirse a los carceleros. Los Apoteósicos esperan alcanzar la iluminación de manera que su alma se reúna con los Arcontes como una divinidad menor, abandonando por completo la condición humana y el ciclo de reencarnaciones.

El principal culto Apoteósico es la Iglesia de la Ascensión, mientras que otros como el Culto del Corazón Ardiente o los Maestros del Yunque están menos extendidos. Aunque permitidos, los cultos Apoteósicos suelen ser vistos con sospecha por los Apotropaicos, y no siempre las relaciones son cordiales.

Cultos Eleutéricos

Para los Cultos Eleutéricos, existe algo más allá de la Kenoma: una Pleroma llena de luz en la que residen los Eones, cantando alabanzas a la gloria del Uno, el Altísimo, del que el Demiurgo no es más que una sombra pálida y deformada. El alma humana es una chispa de esa Luz primordial, atrapada en la oscuridad de la Kenoma por los Arcontes en un intento de extinguir la llama de la iluminación y devorar su poder. Pero con esfuerzo y trabajos, a veces terribles y sangrientos, es posible que esa chispa atraviese la oscuridad y se libere, uniéndose para siempre a la Luz de la Pleroma.

Los cultos Eleutéricos más importantes son el Culto del Forastero, la Iglesia de la Redención, la Sociedad del Templo de Luz y el siniestro Culto del Espíritu Negro.

Cultos Heterodoxos

Si algo puede decirse de los cultos heterodoxos es que son diversos. Solo los une su rechazo a la oscura y desesperanzadora teología ortodoxa, y su creencia en la posibilidad de escapar de la Kenoma. Ninguno de ellos niega la existencia de los Arcontes, pero sí su omnipotencia. Debe existir alguna rendija en los muros de la prisión, un vacío en la ley de la Heimármene, que permita la liberación. Esta es la única esperanza del alma.

En casi todas partes los cultos heterodoxos son perseguidos por la Orden de la Espada Ardiente y las Iglesias de Hierro, de la Ascensión y de los Siervos de la Hueste. Su mera existencia amenaza los cimientos de la sociedad de los Tiviles y alimenta el riesgo de atraer la ira de los Arcontes sobre la humanidad con su desafío… y lo que es peor, amenaza el poder de los cultos ortodoxos.

Cultos Extincionistas

Frente a la esperanza casi ingenua de los Eleutéricos, los Extincionistas parten de una postura mucho más cínica y pesimista: el universo es una prisión gobernada por los carceleros más crueles imaginables, y si existe una Pleroma al otro lado, es tan inefable y trascendente que resulta inaccesible para el alma. La única manera de escapar de la prisión es acabando con todo, ya sea extinguiendo completamente el alma y el ego, de forma que no quede nada que torturar, o incluso destruyendo el universo mismo para llevarlo a la paz eterna de la tumba.

Los cultos Extincionistas son radicales, marginales y peligrosos, y están muy perseguidos, incluso por otros cultos heterodoxos. Los dos más comunes son la Hermandad de las Profundidades y la Senda del Ángel de Cuchillas.

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