Personajes: Nura, la Liberadora

Nura nació y creció, pero ha sabido deshacerse de esos recuerdos. Hay quien, para acrecentar su leyenda, dice que proviene del Tivil de Engur, la Ciudad de las Antorchas. Todo el mundo sabe que eso es imposible, que nadie escapa de allí, y que lo más probable es que venga de otro de los Tiviles más poblados: del País de los Ríos, de Mashu la Joya de Piedra, ¡incluso de Hursag! Pero nadie lo sabe y ni siquiera la todopoderosa Iglesia de Hierro tiene registros de su existencia. Nura ha cortado con todos ellos a lo largo de su vida.

Tampoco nadie conoce su cara, y las descripciones que se dan varían. Unos estibadores que consiguieron verla cuando huía del puerto de Tuonela juran haber visto a una mujer pálida y sin nariz, con un espacio negro y profundo hacia su calavera al descubierto. Otro, un miembro de la koina de Harmistag, la define como “una mujer normal, esbelta y con una sola cana en un pelo negro como el carbón”. Cada cual tiene su historia, y no hay una sola en la que la imagen no tenga algo extraño que resalte en el resto de normalidad.

Las historias sí que coinciden en una cosa: sus obras. Ya se presente en un palacio, ante la guardia o ante un mismísimo Etemmu (si hay que confiar en el rumor), siempre hará lo mismo. Se presentará como la más desapegada devota del Ángel de las Cuchillas, al que afirmará odiar sin pasión y buscar su destrucción, “por hipócrita”. Para conseguirlo, desafiará a su interlocutor a un duelo mental. Si gana, podrá llevarse de esa persona lo que ella quiera. Y si pierde, podrán matarla. A pesar de su leyenda, el ego de sus desafiados siempre les acabará llevando a aceptar el duelo, pensando que por fin podrán cobrarse el botín. Y fallarán, claro.

Sus víctimas favoritas son los sacerdotes de la Iglesia de Hierro. Entre las tabernas de cuando en cuando pasa de boca en boca su mito más famoso, cuando la noche es profunda y los espíritus se inflaman con el licor. La trampa que le tendieron varios de ellos para devolverla a las Prisiones de Hierro del Mar de Suf. Fue asaltada en un cruce de caminos, rodeada por una escolta de milicianos y tres sacerdotes, uno de ellos de alma fuerte y habilidades psíquicas.

Nura sobrevivió, y aunque el número siempre cambia dependiendo de quien lo cuente, se habla de dos sacerdotes muertos y otro que se amputó los pies y quedó en el mismo lugar, cantando enloquecido la gloria que hay detrás de las Cuchillas y la Extinción absoluta.

La buena noticia es que, a diferencia de otros “misioneros” de su credo, a Nura poco le importan las relaciones de los demás o sus posesiones. Sólo se lleva lo que gana en sus duelos para sacrificarlo. La mala es que hay algo que no soporta: mientras su historia siga viva ella seguirá teniendo una última conexión con la Kenoma, un último ancla. Por eso, tarde o temprano matará a todo el que oiga esto.

Pincha en la imagen para descargar la ficha

Ficha Dioses Extraños FAE
Recommended Posts

Leave a Comment