Personajes: El Hombre de Bronce

Yilmaz nació en Hikaptah, la de los Muros Blancos, uno de los Tiviles más fuertemente industrializados. Como todos los miembros del culto de los Maestros del Yunque, desde muy pequeño fue hallada un alma antigua  renacida en él: uno de los más grandes artesanos. Adoptado por uno de los Maestros, quemó etapas a golpe de yunque y salmodia al Arconte que presidía su fragua.

Fue iniciado, como todos los demás, en una Cohorte de hermanos, el grupo que cohesiona el credo de los Maestros como una firme cadena. Esto sólo él lo recuerda, sólo cuando le vienen las dudas sobre la gran obra que está preparando para ascender a las filas de los Arcontes y tomar asiento en los suntuosos palacios sumergidos del Mar de Suf.

Porque dado un momento, pasada su iniciación y su aprendizaje como Oficial, fraguada su Obra Maestra y aceptado entre las filas más elevadas del culto; Yilmaz entendió una verdad fundamental que nadie había comprendido aún. En los susurros de la estatua que presidía la fragua, el ónice basto de múltiples bracitos en honor a Sabaoth el Dragón, descubrió el ritual.

Su brazo derecho es el que guarda las almas de sus hermanos de Cohorte, sus primeros sacrificios y los que se llevaron el secreto del Hombre de Bronce a la tumba. Los secuestró uno por uno y los torturó y machacó para extraerles el alma, volcando el producto en su caldero sagrado portando la máscara y el mandil. Asó con paciencia la carne de cada uno de ellos, pero no la consumió. La licuó entre especias con suma paciencia, quemando el estaño y el cobre en la mezcla y consiguiendo la aleación de la divinidad, tal y como le dijo la figura.

Luego, reprimiendo los gritos de dolor, sacudido por el trance religioso, introdujo el brazo derecho dentro del caldero. Soportó las penurias porque sabía lo que hacía, y tras un día de agonía, manteniendo el fuego con vida, lo sacó. Ahí estaba el brazo de una deidad, el primer escalón a ascender.

Desde entonces se ha convertido en una especie de hombre del saco para los Maestros del Yunque. Aunque no conocen su identidad real, empiezan a sospechar quién puede estar detrás de la máscara, quién secuestra a las Cohortes de Maestros para alimentar al caldero sagrado y completar la Gran Obra.

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