Personajes: La Concubina

El sabio Sagar, tercero de su nombre, destaca como un faro en la empobrecida Tilhar, capital del arisco Tivil de Sharkara. El anciano se trasladó allí desde otro Tivil lejano, del que nunca soltó prenda, buscando un secreto que tampoco ha confiado a nadie. Pero, a diferencia de muchos de los taumaturgos eminentes, se ha mostrado siempre cortés en su trato con los miembros del koinon e incluso con dos de los muchachos que se le aproximaron para convertirse en sus aprendices. A ambos los despachó con inmediatez, pero con una delicadeza y unos modos que ningún habitante de la Kenoma había conocido aún.

¿Son esa paciencia y esa gentileza el signo de un alma superior, lista para ascender, o algún tipo de fachada, un experimento con el que engrandecer su alma comprendiendo algún tipo de verdad superior?

La Concubina lo sabe. Sabe todo lo que puede saberse del sabio Sagar, e incluso más. Sabe más del viejo y del estado de su creciente alma que el propio taumaturgo. Y con ella el secreto está a salvo, no tanto porque sea buena guardando confidencias como porque esa información es sólo suya.

Siempre hace lo mismo con ellos: aparece en sus vidas de una forma u otra. Quizá como bailarina, tal vez como esclava sexual en un mercadillo maloliente en un puerto sin nombre. Se les aproxima fingiendo no saber, no conocer las Verdades que ya conoce. Entonces los parasita, casi siempre ancianos arrogantes y de intelecto tan elevado como terribles apetitos. Complace cada perversión y soporta toda vejación como parte de su aprendizaje, lee sus legajos y pergaminos e incluso escucha sus voces musitando en la noche, en el recuerdo de las Prisiones de Hierro.

Todo aprendizaje tiene su límite. La Concubina ha ido vaciando su mente para dejar más espacio. Sólo su nombre permanece: Anbir, un recuerdo de una existencia que desea abandonar. Su plan es el de otros estudiosos, lograr que su alma sea tan inmensa que ella misma deba habitar un suntuoso palacio en las profundidades del Mar de Suf, pero su vía es tremendamente personal.

Por eso, terminada la tutela, el Sabio Sagar morirá. Otros lo hicieron antes, un decepcionante rastro de cadáveres decrépitos asfixiados en su mismo lecho. Entonces la Concubina volverá a buscar otra presa eminente de la que seguir aprendiendo, con cuyas terribles pasiones engrandecer aún más su alma.

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