Personajes: Stavros

Algunas noches, las colinas se llenan del estruendo de los tambores y de un bramido bestial que resuena como un trueno. Los campesinos se ocultan cuando el resplandor de las hogueras inflama el horizonte y los árboles se sacuden de forma antinatural, como si quisieran arrancarse de sus raíces para danzar al compás de los panderos y las flautas. Cuando la orgía llega a su punto álgido, una horda salvaje y primaria desciende de las escarpaduras con el nombre del Forastero, el Dios Astado, en sus labios deformes. Vagabundos, forajidos, y esclavos fugados, mutados por la influencia del Hijo de los Eones, más bestias que hombres, llevados por sus impulsos atávicos a atacar a viajeros y caravanas para devorar a los que no pueden convertir. A menudo, al frente de la horda marcha Stavros.

Aunque no es el fundador de los Hombres Hambrientos, Stavros es uno de los miembros más temidos y respetados. La comunión con el dios le ha dotado de cuernos y garras, y de la convicción de que solo el sufrimiento es la puerta hacia la iluminación. Tiene el cuerpo cubierto de escarificaciones y tatuajes en forma de aspa, y es conocido por intentar convertir a los prisioneros mediante torturas y flagelaciones. Muchos han recibido la visita del Dios Que Viene bajo sus garras y se han unido gozosos al Culto del Forastero; los que no son capaces de percibir el éxtasis de la unión mística mediante el sufrimiento terminan desmembrados y devorados, a veces por sus propios compañeros. Corre el rumor de que Stavros y los suyos comparten las riquezas que saquean entre los campesinos locales, e incluso hay quien dice que también la carne.

Pero Stavros es mucho más que una bestia: es un predicador y un cruzado, decidido a mostrar a la humanidad entera la gloria del Astado.Quizá lo más aterrador es ver a ese monstruo apenas humano, del que uno esperaría tan solo gruñidos incoherentes, exponiendo la doctrina del Culto del Forastero con una voz que es poco más que un rugido ronco, pero perfectamente articulado.

Algunos le consideran una manifestación física del Hijo de los Eones, un ejemplar de todo aquello a lo que debe aspirar un cultista del Forastero: bestial y humano a la vez, inteligente pero poseído de una ferocidad brutal, al mismo tiempo sabio y devorado por unas pasiones que arden como altos hornos, tan capaz de debatir como de destripar.

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