Preguntas Frecuentes: Teología de Dioses Extraños

Dioses Extraños Stavros

Hace unas semanas inauguramos esta serie de preguntas frecuentes con algunas cuestiones de cosmología. Hoy queremos aclarar otros aspectos de Dioses Extraños, en concreto los que se refieren a los Arcontes, los Eones, los Etemmu y otras criaturas espirituales.

Como siempre, no duden en dejar cualquier otra pregunta que tengan en los comentarios para futuras entregas.

Veamos quiénes son los Dioses Extraños

¿Quién es el Demiurgo

El Demiurgo es el Príncipe de Este Mundo, el Creador de la Kenoma, el Ser Primordial que puso orden en el Caos del Mar de Suf y creó la Heimármene y el universo físico. La mente humana no puede comprender su esencia, a la vez inmanente y trascendente, eterno e increado, fuera del tiempo y el espacio y al mismo tiempo omnipresente. Las leyes de la lógica, la física y la causalidad no tienen poder sobre él; la misma Heimármene no es más que su capricho. Es a la vez el Padre de este mundo y la Madre de las abominaciones y los Arcontes que lo pueblan. Su gloria y su poder, ardiendo como un fuego voraz que nunca se consume en el centro del cosmos, son el Primer Motor del mecanismo que es la Kenoma. Si tiene mente propia, identidad o ego nadie lo sabe; algunos cultos lo adoran bajo el nombre de Ialdabaoth, pero muchos lo consideran demasiado ajeno y distante como para rendirle culto.

Para los cultos Eleutéricos el Demiurgo, al que llaman Saklas, no es más que el hijo bastardo de Achamoth, una divinidad ciega e idiota que balbucea incomprensiblemente en el centro del Mar de Suf, creyendo en su arrogancia que no existe nada más allá del Horos, y que no hay dioses por encima de él. No niegan su poder sobre la Kenoma, pero le consideran muy inferior a los Eones de la Pleroma.

¿Qué son los Arcontes?

Dominios, Poderes y Potestades bajo cuyas órdenes giran las ruedas cósmicas de la Heimármene y la Kenoma, los Arcontes son los Hijos del Demiurgo, bestias atroces que moran en las profundidades tempestuosas de los abismos del Mar de Suf. Son los Dioses Extraños de la Kenoma, criaturas tan incomprensibles como su progenitor, a las que los místicos describen como columnas de fuego y tinieblas, que arden con las llamas de la arrogancia, la voracidad y la crueldad. Cada uno de ellos personifica el poder más intransigente, la tiranía más feroz y la dominación más estricta. Son a la vez hijos y parte del Demiurgo, emanaciones y seres independientes, que crearon y gobiernan el universo bajo sus órdenes, ajenos a la Heimármene que administran. Los distintos cultos ni siquiera se ponen de acuerdo en sus nombres y su número; algunos textos hablan de tres, otros de siete, nueve, doce, trescientos sesenta y cinco, doscientos mil, o un número incontable, a veces organizados en jerarquías.

Para los Eleutéricos, por supuesto, los Arcontes no son tanto los señores de este mundo como carceleros cósmicos cuya misión es mantener la prisión que es la Kenoma y atormentar a las almas que la habitan, impidiendo que se reúnan con la luz de los Eones al otro lado del Horos.

¿Qué son los Eones?

Según los cultos ortodoxos, un mito, una herejía inventada por los Eleutéricos que puede atraer la ira de los Arcontes en cualquier momento. Pero para los cultos Eleutéricos, son los verdaderos dioses que residen en la Pleroma, más allá del Límite. Son emanaciones del Uno, el Altísimo, del mismo modo que los Arcontes son emanaciones de Saklas, el Demiurgo. Son eternos, luminosos, inmateriales, inefables, espíritus de las ideas primordiales de las que la Kenoma no es más que un reflejo imperfecto: la Vida, la Verdad, el Pensamiento, la Voluntad, la Sabiduría, la Palabra. Como tales, son absolutamente inaccesibles para los mortales atrapados en la Kenoma, a menos que sus almas logren liberarse y atravesar el Horos para unirse a los Eones en una eternidad de gloria.

La Matrona, ¿es una representación de los Arcontes, o una Sekhinah?
Los Escribas son Etemmu que pueden verse continuamente registrando datos

¿Qué son los Etemmu?

Del mismo modo que el Demiurgo creó a los Arcontes para dar forma al universo a través de ellos, los Arcontes han dado origen por emanación a incontables clases de Etemmu, entidades espirituales que personifican la Heimarmene y les sirven para imponer su dominio sobre el mundo material. Pese a ser inconmensurablemente menos poderosos que los Arcontes, cada Etemmu es eterno e infinito; todos los Etemmu de una misma clase son al mismo tiempo individuos y manifestaciones de un ser único. No necesitan pensar ni aprender, pues su misma esencia exige que sepan todo lo que puedan saber, y que solo puedan saber lo necesario para cumplir sus funciones.

Muchos Etemmu son imperceptibles excepto para los gnósticos y los taumaturgos, a menos que decidan materializarse. Otros son permanentemente visibles y tangibles para todos excepto los sárkicos más extremos. Son los ejecutores y agentes de los Arcontes, cuya misión es hacer cumplir la Heimármene, capaces de bendecir con una mano y destruir con la otra, sin explicar nunca sus motivos, aunque sus acciones sean absolutamente ilógicas desde una perspectiva mortal.

¿Qué son los Ángeles?

Según los cultos Eleutéricos, los Eones son inaccesibles, pues solo un alma liberada puede cruzar el Horos para reunirse con ellos. Pero desde las Pleroma llaman a las almas atrapadas, y en su deseo de rescatarlas han dejado caer unas gotas de su luz en medio de las tinieblas de la Kenoma. Esas gotas son los Ángeles, los “mensajeros” de los Eones, que se manifiestan allá donde los Eleutéricos celebran sus ritos y se congregan para purificar sus almas.

Es difícil distinguir a un Ángel de un Etemmu. Sus formas son igual de aterradoras, sus motivos igual de inefables, sus métodos igual de inconsistentes. Incluso los propios fieles de los Eones pueden verse atacados o malditos por los Ángeles, pero se postran reverentes ante la majestad luminosa de su presencia, confiando en que, incluso si los convierten en estatuas de sal, todo obedece al plan último de la liberación.

¿Qué son las Bestias?

Monstruos que se retuercen en las profundidades del Mar de Suf, ni entidades físicas ni Etemmu, sino algo completamente distinto. Las Arcas los encuentran a menudo, sobre todo cuando se apartan de los Jordanes. Se dice que no hay dos exactamente iguales, pero todas son abominaciones capaces de enloquecer a un hombre con su mera presencia, algunas tan grandes como para devorar un Arca de un solo bocado. A diferencia de los Etemmu, no parecen tener inteligencia ni autoconsciencia: aunque su poder es inmenso, su papel es simplemente devorar, destruir y castigar. Cuando una tormenta del Mar de Suf lleva a estas monstruosidades hasta las costas de un Tivil, la población puede estar segura de que se ha ganado la ira de los Arcontes.

¿Qué son las Sekhinoth?

Sekhinah significa la Presencia. A veces una Bestia surge de las profundidades o cae del cielo, o queda varada en las playas de un Tivil. Pero algo en la criatura indica a los místicos y los gnósticos que no es lo que parece. No se trata de una mera monstruosidad voraz, enviada por los Arcontes para castigar a la humanidad, sino de un símbolo viviente de su poder, un ser que encarna la Presencia viva de los dioses. Estas criaturas son adoradas como manifestaciones materiales de los Arcontes, y a menudo se les ofrecen plegarias y sacrificios, a pesar de que para muchos es imposible distinguirlas de las verdaderas Bestias sin mente, y a menudo hay que contenerlas con cadenas, trincheras y murallas.

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